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Bible Study – Holy Living Bible Study – Part 2

Vida en Santidad:
El Sermón de la Montaña

Estudio Bíblico de Good News sobre Mateo 5, 6 y 7

El Sermón de la Montaña

 


(Parte 1) Mateo 5, 1-6

A medida que la escena se abre, vemos a Jesús preparándose para enseñar en la ladera de una montaña. En el simbolismo bíblico, cuando un evento toma lugar en una montaña, significa que es un contacto importante con Dios.

Primero, Jesús se da cuenta de la multitud. Nos podemos imaginar que Él se preocupa por cada persona. Él comprende sus necesidades, y Él los quiere ayudar. La mejor enseñanza que Él les puede proporcionar es aquella que los conduzca hacia a una vida más llena de amor, en donde se encuentren más cerca de Dios que nunca. Imagínate tú en esa multitud. Él te habla. Él se dirige a las necesidades que tú tienes hoy.

El primer grupo de Bienaventuranzas (versículos 3-6) se concentran en nuestra relación con Dios. El resto de ellas se centrarán en nuestras relaciones con los demás. Este modelo es el reflejo del mensaje básico de Jesús: amarás primero al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y el segundo mandamiento es amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37).  Las primeras cuatro Bienaventuranzas nos dicen que Dios es la fuente de nuestra felicidad. Cuando aceptamos los valores del reino de Dios en nuestra vida, crecemos en una relación más completa con Él.

Somos “pobres de espíritu” cuando ponemos nuestra confianza en la seguridad material o en falsos dioses (el reino de este mundo). Al depender en cambio en Dios (el reino de los cielos), experimentamos su poder, su amor y su fidelidad.

Nos “lamentamos” cuando nuestra naturaleza carnal sin rumbo, quiere tomar el camino fácil que conduce al pecado, pero nuestro espíritu santificado elije resistir y tomar el camino sagrado. Dios nos conforta mientras luchamos y sufrimos. Su capacidad de consolarnos es ilimitada.

Somos “dóciles” cuando somos sumisos con Dios y obedientes a Sus mandamientos. Heredar la “tierra” significa ser uno de los hijos regios en el reino de los cielos.

Estamos “hambrientos de justicia” cuando vivimos moralmente, por ejemplo, cuando conformamos nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Esta hambre será satisfecha porque Dios nos ayudará a alcanzar la justicia. Lo que parece imposible para nosotros no es imposible para Dios.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Describe el momento cuando tú moriste a ti mismo al elegir ser pobre de espíritu, confiando en Dios cuando parecía más fácil o más sensato, confiar en las cosas de este mundo.

2. Describe una experiencia luchando contra ti mismo porque no querías hacer algo como Dios quiere. ¿Sentiste ganas de llorar por frustración? ¿Tu naturaleza carnal se lamentó cuando te rehusaste a ceder? ¿Cómo te consoló Dios?

3. ¿Cuáles son algunas de las reglas de la Iglesia que a la gente no le gusta obedecer? ¿Existe una regla que al principio desobedecías y después obedeciste? ¿Por qué cambiaste? ¿Qué efecto tuvo en ti?

4. Nombra formas en las que podamos crecer en justicia. ¿Qué actividades nos purifican? ¿Alguna vez has sido más amoroso o moralmente más recto porque estabas siendo puesto a prueba?


(Parte 2) Mateo 5, 7-12

La segunda parte de las Bienaventuranzas se centra en nuestras relaciones con los demás. Las primeras tres de estas nos enseñan a vivir cómo Cristo. Los versículos 10 al 12 nos muestran los resultados de ese tipo de vida. La segunda mitad de las Bienaventuranzas refleja el crecimiento espiritual que se produce por la primera mitad. Cuando somos pobres de espíritu y ponemos nuestra confianza en la misericordia de Dios (versículo 3), el siguiente paso es dar Su misericordia a otros, y esto da como resultado la bendición de recibir aún más misericordia de Dios (versículo 7).

Cuando queremos pecar, pero en lugar de eso elegimos vivir a la manera de Dios, aún cuando nuestra naturaleza carnal se lamente (versículo 4), nos volvemos puros de corazón y podemos ver plenamente a Dios, por ejemplo, vivimos en la presencia de Dios (versículo 8). Esta pureza permite que la luz de Cristo en nosotros brille con más intensidad hacia los demás, y así ellos se acercarán a Dios por el testimonio de nuestras vidas.

Cuando somos humildes (versículo 5), nos volvemos conciliadores (versículo 9), porque ya no peleamos y ya no discutimos con los demás. Considera como Dios nos trata cuando elegimos el camino del pecado. ¿Pelea con nosotros? A veces pareciera que luchamos con Él, pero no es Dios el que está peleando: Somos nosotros quienes hacemos todas las quejas, gritos y luchas.

Ser conciliadores significa que vivimos como Sus hijos, al manejar los conflictos de la misma manera que Él lo haría. Nosotros amamos a nuestros “enemigos” incondicionalmente. Ponemos la otra mejilla. Lean 1 Corintios 13:4-7, donde se nos dice que Dios quiere que se manejen los conflictos al ser pacientes en vez de exigentes, al mostrar bondad  y servir a la persona que pelea contra nosotros, no siendo groseros, ni buscando nuestros propios intereses o defendiendo nuestras propias causas, al no ser tibios o estar inquietos por nuestras heridas, cargando con nosotros lo que nuestro “enemigo” nos hace, y por nunca renunciar a la esperanza y r siempre aguantar.

Cuando vivimos de esta manera, nos volvemos más como Cristo, a diferencia de aquellos que no viven así. Por esta razón ellos nos persiguen, tratándose de convencerse a sí mismos de que jamás tienen que ser como nosotros y así no tener la necesidad de renunciar a sus viejas costumbres y de convertirse. Si no sufrimos la persecución, no estamos viviendo las Bienaventuranzas realmente.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Nombre alguno de los contrastes entre el mundo y la Cristianidad (por ejemplo, la mentira contra la honestidad). ¿Cómo hace la modo Cristiano para mostrar pureza de corazón?

2. Cuenta la historia la vez en que fuiste un conciliador. (¡Sin mencionar nombres, por favor!) ¿Como le reveló a Jesús esto, a las personas con las que tratabas? Si notaste que también hizo la diferencia en sus vidas espirituales, cuéntanos de ello también.

3. Describe la época en que fuiste perseguido por tu relación con Dios. Tal vez alguien no entendió tu fe, o te rechazó, o deliberadamente te causó problemas. ¿Te sentiste bendecido por ello? ¿Te sentiste más cerca o más lejos de Jesús cuando esto sucedió? ¿Creciste espiritualmente o perdiste tu fe a causa de ello? ¿Por qué?


(Parte 3) Mateo 5, 13-16

 

“Ustedes son la sal de la tierra.” La palabra “ustedes” se refiere a cualquier cristiano – incluyéndote. ¿Qué significa ser sal? Piensa en las funciones de la sal. Le agrega sabor a algo que no tiene gusto. Jesús también dice, en el versículo 13, que si alguien pierde su sabor, “¿con que se sazonará?” Vuélvelo a leer como “¿por quién puede ser sazonado?” Solo Dios puede renovar un sabor que se ha perdido.

El cristiano es alguien que ha sido hecho con sabor – vivo en santidad – por Cristo. El cristiano útil es aquel que evangeliza agregando el sazonador del amor de Jesús en la vida de otra persona. ¡Pero cuidado con intentarlo mucho! ¿Qué pasa cuando la comida está salada? Sabe horrible; la gente no se la quiere comer. No importa que tan buenas sean nuestras intenciones, si vamos con mucha fuerza, hacemos más daño que bien. Tal vez estamos tratando de atraer a la iglesia a un conyugue no dispuesto o convencer a un vecino a que confíe en Dios, pero ellos no quieren a un Jesús que parece que condena o que obliga. Ellos están más dispuestos a volverse a un Jesús que los ama tal como son, que es gentil, que los sirve en sus necesidades.

Los versículos 14 – 16 nos dicen que seamos como la luz que los demás no pueden dejar de notar. ¿Qué clase de luz? ¿Una que ciega? Por supuesto que no. En Juan 8:12, Jesús dice “Yo soy la luz del mundo.”  Jesús está dentro de nosotros; Su brillo es el que los demás deben ver cuando nos miran. No tenemos que ocultar nuestra relación con Él. Un cristiano efectivo es aquel cuya fe es visible, cuyo brillo es el amor que viene de Cristo, y que sus buenas acciones glorifican al Padre, porque se realizan a través del amor de Cristo.

Noten que en el versículo 14 Jesús nos llama “ciudad.” No estamos para evangelizar solos. Una ciudad es un grupo de personas: una parroquia, una familia, una organización eclesial. Ser cristiano significa estar en comunidad. Cuando nuestra luz se une con las luces de los demás, nuestro brillo colectivo ilumina más, es mucho más efectivo para revelar el amor de Cristo por el mundo. ¿Por qué? Porque los no creyentes se convencen que el amor de Cristo es real, cuando nos miran vivir ese amor entre nosotros: incondicionalmente, generosamente, con corazón de servicio (ver Hechos 2:42-47).

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿De qué manera puedes identificar a la gente cuyas vidas carecen completamente del sabor del amor de Jesús? ¿Y cómo puedes sazonar sus vidas, con el amor de Jesús que está en ti?

2. ¿De qué maneras has salado a alguien intentando demasiado o demasiado a menudo de evangelizarlo? ¿Cuáles fueron los resultados?

3. ¿Qué obstruye la luz de Cristo que está en nosotros? Debería brillar a través nuestro con tanta intensidad que los demás se convertirían solo por estar cerca de nosotros. ¿Por qué no están viendo a Cristo en nosotros? ¿Qué bloquea la visión de Él? ¿Qué se necesita cambiar en nosotros para que ellos puedan verlo a Él con claridad?


(Parte 4) Mateo 5, 17-20

La jerarquía judía de los tiempos de Jesús a menudo interpretaba de manera literal la Ley de Dios, que les fue dada a ellos por medio de Moisés. Jesús, sin embargo, le dio un significado más profundo a la Ley. Él se enfocó en el objetivo de la Ley: el amor perfecto. Él lo enseñó a través de Sus palabras y en la forma como Él trataba a las personas.

Su visión no literal causó cierta confusión, así que Jesús clarificó Su significado. En efecto, Él dijo, “La interpretación que le doy a la Ley no significa que las leyes sean invalidas. Más bien, muestran que ustedes no están cumpliendo la Ley si su llamada obediencia no está motivada por el amor de Dios y amor al prójimo (ver Mateo 22:35-40).”

Cuando Jesús habla de que el cielo y la tierra no pasarán (versículo 18), Él no se refería en sentido literal al fin del universo. Los astutos oyentes judíos vieron la conexión con la bien conocida profecía en Isaías 65:17, donde Dios promete crear un cielo nuevo y una tierra nueva al enviar al Mesías. Ellos no lo sabían aun, pero la defunción del viejo cielo y tierra sucedería en el momento de la muerte y resurrección de Jesús. Y esto no sucedería hasta que Jesús finalizara Su trabajo mediante el cumplimiento del verdadero significado de todas y cada una de las leyes. Como nuestro verdadero Mesías, Él tuvo que compensar cada fracaso, llenar cada vacío y restaurar lo que faltaba en la forma en que la humanidad había obedecido a Dios. De esta manera, Él nos entregó Su amor absoluto y completo a cada uno de nosotros.

Por lo tanto (versículo 19), como Sus seguidores, tenemos que ser generosos con el amor. Obedecer todos los mandamientos – verdaderamente obedecerlos – requiere que amemos a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma y con toda nuestra mente y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Por ejemplo, tomen en consideración la ley de la Iglesia que dice que debemos asistir a Misa cada fin de semana, y perdernos la Misa (a menos que estemos incapacitados) es pecado. ¿Significa esto que estamos obedeciendo a Dios si nos sentamos en la iglesia sin faltar un domingo?  No, en realidad no – no sí, mientras permanecemos sentados, no hacemos nada por experimentar una genuina relación con Dios. Ir a Misa debe dar como resultado un crecimiento en el amor hacia Dios y el prójimo. Encontrar a Jesús en la Palabra y en la Eucaristía debe hacer una diferencia en como amamos. Lo primordial siempre es el amor.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Alguna vez has sido tratado sin amor por el legalismo de otra persona? ¿Cómo ocultó esa experiencia la verdadera naturaleza de Jesús?

2. Nombra maneras comunes en las que los cristianos fallan en obedecer a Dios. ¿Qué hubiera hecho Jesús para compensar esas fallas? Por ejemplo, ¿Cómo crees que Jesús trata a los bebes no nacidos que han sido abortados? ¿Cómo trata Él a las madres y a los abortistas?

3. Imaginen que conocen a una joven pareja, que viven juntos sin estar casados. ¿Cuál es la mejor manera para invitarlos a ser participes del Sacramento del Matrimonio? Con otros miembros del grupo, hagan un juego de rol, para ver los diferentes enfoques.


(Parte 5) Mateo 5, 21-26

Jesús prosigue con el Sermón al dar ejemplos específicos de cómo transformar las interpretaciones literales de las leyes Mosaicas en la Ley del Amor. En cada caso, Él explica que los verdaderos creyentes toman el enfoque más difícil, el más amoroso.

Su primer tema es la ira, y Él nos hace conciencia de los peligros crecientes de la ira al referirse a los resultados desastrosos que provoca la ira en el alma de las pesrsonas. Al más bajo nivel, la ira en el corazón da por resultado un “juicio,” que está representado por las cortes locales judías, donde se aplica el menor de los tres castigos. 

Entonces, Él nombra una de las formas iniciales en donde la ira en el corazón se convierte en ira que asesina: Gritarle “raqa” a alguien es llamarlo bobo o tonto. Destruye su auto estima. Lo menosprecia. El abusador tiene que enfrentar un juicio ante el Sanedrín, el máximo órgano judicial judío.

Finalmente, Jesús nos advierte que llamar imbécil a alguien es aun peor. Ya no es más un “imbécil,” la persona bajo ataque es un “despreciable” (el significado directo de la palabra griega). Los judíos entendían que la palabra estaba llena de desprecio. Pero odiar a alguien tanto y no ver valor en él, es condenarse a sí mismo a la Gehena.  La Gehena era un nombre dado a un valle cercano, que era el centro de un culto que mataba niños con fuego como sacrificio a los dioses. Los judíos utilizaban el nombre para ilustrar el concepto de castigo por fuego; hoy en día lo llamamos “infierno.” Este tema de la ira que es igual al asesinato es más fácil de entender a la luz de 1 Juan 4:7-21, el cual dice que Dios es amor, y que cuando tenemos ira, tenemos odio; no tenemos amor, así que no tenemos a Dios, y por lo tanto no tenemos vida eterna.

El resto de este pasaje es el remedio de Dios para los momentos en que nos sentimos con ira. En esencia, dice Jesús: Ve y has lo necesario para reconciliarte con el que te provocó la ira. Esto, Él lo señala, es más importante aún que adorar a Dios. ¿Que tan genuina es realmente tu adoración al Señor, si la ira ha remplazado el amor en tu corazón, y dado que Dios es amor?

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Jesús utiliza estos insultos como un ejemplo de cómo se trata a los demás sin amor. ¿Cuáles son otras formas donde hacemos de menos a la gente o matamos su auto estima? ¿Por qué es eso tan nocivo para ellos?

2. ¿Puedes recordar un incidente en donde alguien te trató de mala manera, pero tú respondiste con un acto de amor? ¿Qué tan difícil fue dar amor? ¿Cuáles fueron los resultados?

3. La ira es un sentimiento humano normal. En sí misma, no es ni buena ni mala. Aun Jesús sintió ira. ¿En qué punto se vuelve pecado? ¿Por qué el expresar ira, lastima a la gente que experimenta nuestra ira?


(Parte 6) Mateo 5, 27-37

¿Cuáles son lo aspectos de nuestra vida a los que continuamos aferrándonos, aun si nos conducen al pecado? Eso es lo que Jesús nos está pidiendo que descubramos ahora. En el versículo 27, vemos una definición de pecado comúnmente aceptada: cometer un hecho sin amor (como el adulterio). Pero mucha gente se detiene ahí; asumen que es pecado solamente cuando realmente el hecho se comete. Sin embargo, Jesús nos reta a ver más allá de los hechos. Es lo que está en nuestros corazones lo que cuenta. Si usamos el ejemplo que nos da Jesús en el versículo 28, al desear tener una aventura, ya estamos pecando. ¿Por qué? El corazón es donde mora el amor, y si los pensamientos de adulterio moran ahí, se está sacando al amor. Si hacemos a un lado al conyugue para irnos con otro para tener intimidad sexual, no estamos teniendo amor hacia el conyugue. Así también es si solo soñamos con la otra persona. Y eso es no amar a nuestro conyugue.

Los versículos 29 y 30 amplían la enseñanza para incluir cada aspecto de nuestras vidas que están faltos de la expresión de amor. Quizá nuestros ojos nos hacen pecar porque nos gusta ver películas con sexo o violencia u otras acciones sin amor. Si es así, también estamos cometiendo pecado al elegir esa película en la programación.

Tal vez nuestros pecados se originan en la parte nuestra que espera la perfección de los demás, porque mientras crecíamos se esperaba la perfección de nosotros. ¿Es correcto justificar nuestro comportamiento porque está tan arraigado en nosotros mismos? ¿O es mejor identificar y superar nuestra formación infantil? ¿Y qué hay de los hábitos y las adicciones que son difíciles de dejar? ¿Los consentimos o nos sobreponemos a ellos para hacerle más espacio al amor?

Hay muchos aspectos de nuestras vidas que necesitan ser  “recortados y descartados.”

En los versículos 31 y 32, Jesús hace énfasis en un punto superior usando el adulterio. Ya que un matrimonio válido es un compromiso y romper un compromiso no tiene amor, entonces el divorcio – si el matrimonio es válido – es un pecado. Hacer promesas (versículos 33 – 37) es otra forma de compromiso. Romper un juramento no es amor. Mentir y nunca intentar mantener el compromiso, también es no tener amor.

Jesús nos está preguntando: “¿Qué hay en tu corazón? ¿Cuánto espacio queda para el amor?”

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Qué hábitos y adicciones tienes que son sin amor hacia ti? ¿Por qué son tan carentes de amor?

2. ¿Cuál es la forma más común de tratar a los demás sin amor? ¿Puede ser con la impaciencia, o con palabras no amables, o al darle la espalda a las necesidades de los demás, por ejemplo. Identifica en cual aspecto de tu vida se origina esto. (Por ejemplo, la impaciencia puede originarse porque nos sentimos superiores.)

3. Describe una época cuando te sobrepusiste a una tendencia pecaminosa. ¿Cómo hiciste para descubrir que era pecado? ¿Qué te hizo decidirte a cambiar? ¿Cómo afectó a los demás este cambio?


(Parte 7) Mateo 5, 38-48

La misericordia es la clave para comprender porque tenemos que amar a los demás en la forma en que Jesús nos dice, en este pasaje de difícil vivencia. Piensa en el amor como la puerta de enfrente de los corazones de los demás. Cuando ellos la cierran, la misericordia es el amor que se mete a hurtadillas por la puerta trasera.

En tiempos del Antiguo Testamento, el odio era endémico. Si alguien se enojaba y le pegaba en el ojo a otro, la victima reuniría a su clan y tomaría represalias, eliminando al clan de su oponente. Así que Dios les dio una ley que los llevaría más cerca al amor: Si alguien te golpeaba en el ojo, tú no podías hacerle más que lo mismo que él te hizo a ti. Era carente de amor, pero al menos era justa.

Cuando Jesús vino, Él subió el nivel: Si alguien te lastima en el ojo, ámalo. Cuando la gente nos lastima, no comprenden que en realidad se están lastimando a sí mismos. Ellos no saben que están atiborrando su corazón con odio. Ellos no saben que mientras su corazón está cerrado, no pueden sentir a Dios y Su amor. Pero si continuamos amándolos sin importar lo que nos hagan, les estaremos dando el amor de Dios por la puerta trasera. Si nos rehusamos a darles amor, les estamos negando a Dios, y nosotros le estaremos cerrando nuestra propia puerta a Dios y Su amor.

Si alguien te abofetea en la mejilla (versículo 39), no le devuelvas un puñetazo con furia; dale amor. Si alguien te quiere despojar de una posesión valiosa (versículo 40), no puedes detener su codicia, pero puedes evitar que peque contra ti: entrégasela libremente y con alegría. Y para probar tu voluntad para amarla, dale otra de tus posesiones. Si alguien te pide que hagas una tarea que no es justa (versículo 41), evita que se convierta en un pecado de crueldad, al hacer con gusto lo que te pide y ofrécete a hacer más. Si se te acerca un “vago” que es incapaz de mantener un trabajo y quiere que tú le des dinero (versículo 42), aléjalo del pecado, al no darle ninguna oportunidad para que te odie.

Esto es lo que significa ser perfecto (versículo 48). La perfección en la Biblia significa amor – completo, total, ilimitado, misericordioso amor.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Piensa en la vez que Dios te mostró misericordia, en un momento en que no merecías Su amor. ¿Qué sentiste cuando Él de todos modos te dio Su amor? ¿Cómo te cambió?

2. ¿Qué es un enemigo? Da una definición que incluya a todos los que conoces, incluyendo a ti mismo. ¿Con que frecuencia sientes que los enemigos afectan tu vida?

3. ¿Cuándo fue la última vez que le hiciste una buena acción a un enemigo? ¿Qué clase de impacto causó tu buena obra en él o ella?

4. Haz una lista con ideas de buenas obras que pueden ser hechas de manera simple y fácil, mientras alguien te lastima.


(Parte 8) Mateo 6, 1-4

Jesús hace énfasis en tres herramientas para el crecimiento espiritual – limosna, oración y ayuno – y explica la correcta actitud que tenemos que tener con cada una de ellas, al mismo tiempo que las compara con las actitudes incorrectas que mantienen muchos fariseos. Primero Jesús nos habla de la limosna, es decir la generosidad.

La generosidad es el resultado normal de creer en Dios, debido a que Él es generoso con nosotros. En Malaquías 3:8-9, Dios nos dice que lo engañamos cuando no le entregamos los diezmos y ofrendas. El diezmo es el diez por ciento de todo lo que recibimos; las ofrendas son regalos por encima y más allá de los diezmos. Esto pareciera mucho más de lo que podemos ofrecer, especialmente cuando no estamos acostumbrados a devolverle a Dios esa cantidad, pues nunca podemos ganarle a Dios en generosidad. Él nos promete en Malaquías 3:10 que si le entregamos el diezmo completo, Él nos lo regresará con tal abundancia, que no tendremos espacio para tenerlo todo. Incapaces de guardarlo todo, podremos distribuir más de lo que tenemos para ayudar a los que tienen menos.

Algunos cristianos creen en la “teología de la prosperidad,” esta consisteven usar a Dios para un esquema de enriquecimiento rápido: Si yo quiero $100, yo voy a donar $10 a la iglesia. Sin embargo, el propósito de este tipo de generosidad va a ser recompensarnos a nosotros mismos, en vez de ser sirvientes de Dios, como repartidores de Sus gracias. No es verdadera generosidad. No es mejor que el pecado de los fariseos de “pregonar sus obras.” Cuando la atención está en nosotros mismos y lo que hacemos es para sacar provecho de ello, nuestra generosidad no nace por el amor de Dios y el amor para el prójimo.

Cuando Mateo escribió esta enseñanza de Jesús, empleó dos palabras griegas para “recompensa”: el pago recibido por los fariseos, quienes eran recompensados por sus buenas obras como alguien quien es solamente un asalariado y las recompensas dadas a aquellos en quien su generosidad se basa en el amor.

Todos aquellos que dan con amor son “reembolsados” una y otra vez como amigos de Dios, y los amigos comparten libremente uno con el otro. Lo que sembramos es lo que cosechamos. Nuestro amor por Dios y las personas nos hacen abrirnos para recibir amor. Si somos generosos con nuestro dinero o tiempo o paciencia, nos aprovechamos de la infinita generosidad de Dios. Si tratamos a los demás con misericordia o perdón, de igual manera vamos a recibir misericordia o perdón – una y otra vez.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Nombra algunas de las muchas formas diferentes en que podemos ser generosos. ¿Que tenemos para compartir con los demás (material, emocional, espiritual, etc.)?

2. Cuenta la vez cuando te faltaba algo que necesitabas. ¿Cómo te reveló Dios Su generosidad? ¿Obtuviste lo que necesitabas? ¿Por medio de quien o quienes te entregó Dios su ayuda? ¿Fue fácil o difícil aceptar esa ayuda?

3. Describe el episodio cuando te decidiste a dejar ir algo, pero pasaste un mal momento dejándolo ir. ¿Cómo sabías que te tenías que desprender de ello? ¿Qué proceso te tocó pasar para poderlo dejar ir? ¿Cómo te cambió la vida?


(Parte 9) Mateo 6, 5-15

La segunda herramienta de crecimiento espiritual de la que Jesús habla es la oración. Existe una manera correcta de orar y una incorrecta, una actitud correcta y una actitud incorrecta. ¿Oramos con palabras piadosas y gestos apropiados para tener el beneplácito de la gente?  ¿Ponemos nuestra atención en Dios durante la oración porque queremos que Él nos conceda favores? ¿Recitamos oraciones ya preparadas una y otra vez para convencer a Dios de que nos ponga atención? ¿O la oración es simplemente una comunicación con Aquel que amamos?

Jesús dijo (versículo 8): “Su Padre ya conoce lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.” ¿Si esto es cierto, para que nos molestamos en pedir? ¿Dios ya nos ama y nos quiere ayudar, entonces cual es el propósito de la oración? Es esto: Orar significa que reconocemos lo que Dios vale y nuestra imposibilidad de vivir sin Él.

Orar significa que amamos a Dios y confiamos en Él. Cuando pedimos Su ayuda, le podemos decir a Él como nos gustaría que Él respondiera a nuestra oración, pero si confiamos en Él, agregamos: “Padre, ocúpate de esto en la manera en que Tú sabes es la mejor y en el tiempo que consideres que es el mejor.”

Cuando Jesús nos entregó el “Padrenuestro” como ejemplo de oración, Él nos mostró que nuestra comunicación con Dios debe incluir alabanza, sumisión, petición, penitencia, perdón y combate contra las tentaciónes y Satanás:

“Padre nuestro que estás en los cielos” significa que Dios es majestuoso, universal, eterno e infinito.

“Santificado sea tu nombre” significa que nos damos cuenta que solo Dios es sagrado.

“Venga tu reino, hágase tu voluntad” significa que queremos la santidad de Dios en nuestras vidas.

“Danos hoy el pan de cada día” quiere decir que queremos que Dios nos alimente con cualquier cosa, para que seamos más como Él, el día de hoy.

“Perdona nuestras ofensas, como también perdonamos a los que nos ofenden” significa que necesitamos el perdón y que reconocemos que debemos perdonar tanto como perdonamos nosotros.

“No nos dejes caer en la tentación” se refiere al juicio final experimentado por aquellos que han rechazado una vida en santidad.

“Y líbranos del mal” significa que queremos la victoria de Cristo sobre la interferencia de los demonios y que lo necesitamos a Él para vencer su influencia.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Cómo ha cambiado tu vida de oración con el paso del tiempo? ¿Cómo te ha ayudado cada etapa con lo que necesitabas en ese momento?

2. ¿Cómo sabes que Dios te escucha cuando estás orando? ¿Cómo sabes que Él se preocupa por ti y por los demás por quienes tú estás orando?

3. ¿Cuéntanos el momento en que Dios respondió a tu oración en una manera maravillosa, oportuna e incluso milagrosa? ¿Este incidente te acercó más a Él? ¿Solo solucionó el problema del momento, o cambió tu vida para siempre?


(Parte 10) Mateo 6, 16-21

La tercera herramienta de crecimiento espiritual de la que nos habla Jesús es el ayuno  (versículos 16 – 18). De nuevo, Jesús hace énfasis en que es mejor hacer algo porque es de ayuda a tu vida espiritual, que por querer impresionar a los demás. Entonces el explica porque es mejor. Las recompensas que recibimos del Padre son tesoros (versículos 19 – 21) que nos pertenecerán por toda la eternidad.

¿Cuáles son estos tesoros que no pueden ser destruidos por polilla, descomposición, robo o por cualquier cosa de este mundo? Tenemos problemas para comprender que son y porque son, los tesoros “elegibles”, y es porque estamos acostumbrados a poseer las “cosas” de este mundo. Constantemente estamos buscando más dinero para poder acumular más “cosas.” Queremos que el cielo sea un lugar donde tendremos mansiones inmensas para llenarlas con nuestras “cosas.” ¿Que niño no se ha imaginado el cielo como un lugar en donde puede jugar sus videojuegos todo el día? ¿Cuál es tu posesión más preciada? ¿Te imaginas que el cielo será divertido sin ella?

El ayuno se originó en la historia judía como un sacrificio personal para el Día de la Expiación. Hoy en día, la Iglesia recomienda ayunar como un medio para “adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón” (Catecismo párrafo 2043). En otras palabras, el ayuno nos ayuda a experimentar una conversión más grande.

Las tres herramientas espirituales son instrumentos de conversión: La limosna nos hace madurar espiritualmente, porque sacrificamos nuestro apego por las “cosas” por el amor al prójimo; la oración nos madura, porque sacrificamos el amor por el tiempo, por el amor de Dios; el ayuno nos hace madurar, porque sacrificamos nuestro amor por el yo (y nuestro disfrute por la comida) para que así podamos estar libres para amar a Dios y al prójimo. A cambio de estos sacrificios, ganamos teniendo mejores relaciones, es decir, mejoramos nuestra habilidad para disfrutar de relaciones más cercanas, íntimas y satisfactorias con Dios y con las personas. Estos son los tesoros que nos podemos llevar al cielo. Y no tenemos que esperar para llegar ahí para disfrutar de ellos. ¡Vivimos en el Reino de Dios ahora mismo! ¿Estás haciendo acopio de tus tesoros?

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Considera las cenizas que te pusieron en la frente el Miércoles de Ceniza. ¿Por qué llevas las cenizas al dejar la iglesia? ¿Cuánto tiempo las conservas? ¿Por qué? ¿A la luz de lo que nos dice Jesús en los versículos 16 – 18, es mejor lavarnos las cenizas lo más pronto posible? ¿Qué otros signos exteriores de tus obras espirituales exhibes? ¿Deberían permanecer ocultos?

2. Comparte como fue ayunar durante una etapa difícil en tu vida. ¿Por qué elegiste ayunar? ¿Qué efecto tuvo en ti?

3. ¿Además de tener buenas relaciones, cuales son otros tesoros que vas a disfrutar en el cielo? ¿Qué es lo bueno en tu vida ahora, que es lo que sale de tu corazón? ¿Cómo te va a ser eso útil cuando vivas en la eternidad? (¡Sé creativo cuando imagines lo que harás en el cielo!)


(Parte 11) Mateo 6, 22-34

El resto del Sermón son consejos para vivir en santidad como Jesús nos ha estado enseñando. Es interesante, pues sigue el mismo modelo que Jesús establece en la oración del “Padrenuestro”, empezando por “danos hoy el pan que necesitamos” como se refleja en los versículos, que dicen: Confía en Dios para sus necesidades diarias.

Para ser capaces de confiar en Dios, tenemos que apoyarnos en una buena visión espiritual (versículos 22 – 23). Nuestros ojos deben estar enfocados en Dios y en la forma como responde a nuestro mundo. Si le obedecemos a Él, estaremos llenos de Su luz, de Su verdad y de Su amor. Sin embargo, cuando nos alejamos de Él y en su lugar nos volvemos hacia los valores mundanos, nuestras vidas caen en la oscuridad. ¡Y la mal llamada “luz” que tendremos, serán las maneras de este mundo, que gran oscuridad habrá en nosotros!

Jesús nos está poniendo la elección clara: O escogemos a Dios o escogemos al mundo. No podemos servir a los dos (versículo 24). Si servimos al mundo, no podemos servir a Dios al mismo tiempo, a pesar de que nos engañemos creyendo que las cosas religiosas que practicamos nos mantienen con un pie en el cielo y con el otro pie vamos por los caminos del mundo.

La palabra “mammon” viene de la palabra aramea “riqueza” o “propiedad”. Se dice que alguien una vez oró, “Danos hoy nuestro pan de cada día” y Dios le respondió, “Tú ya tienes tu pan y el pan de los demás, también.” ¿Que tanto hemos almacenado que lo podríamos compartir con los demás? En nuestra sociedad, se nos ha convencido que confiemos más en nuestros fondos para retiro, que en Dios. Almacenamos para el futuro, mientras en nuestras comunidades existen personas que les cuesta el día a día por carecer de lo que a nosotros nos sobra. Y aun así nos parece terriblemente peligroso dar lo que hemos almacenado. No estamos confiando en Dios.

Por eso es que Jesús continuó diciendo, “¡Ustedes se inquietan demasiado! No se inquieten pensando si tienen lo suficiente para subsisitir” (versículos 25 – 34). “¡Dios los ama mucho, él se ocupará de ustedes! Busquen primero el reino de Dios, hagan su voluntad y todo lo demás les vendrá por añadidura. ¡No se inquieten!”

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿De qué manera la gente se “sienta a horcajadas en la valla”? ¿Cuáles son algunos de los compromisos que hacemos, convenciéndonos nosotros mismos que lo que dice la Biblia y la Iglesia no es realmente como es, para que así nos sintamos cómodos desobedeciendo a Dios?

2. ¿Qué tan apegados estamos a nuestras propiedades? ¿Cuáles son nuestras posesiones favoritas? ¿Si conoces a alguien que la necesita, podrías compartirla con él? ¿A que posesión nos aferramos tanto y que podríamos vivir sin ella? ¿De qué forma estamos sirviendo al mundo y no a Dios al quedarnos con ella?

3. ¿Por qué esta parte del Sermón de la Montaña es tan difícil de aceptar y de vivir?


(Parte 12) Mateo 7, 1-6

Continuando con el modelo de la oración del Señor, Jesús nos dice que no debemos juzgar (“perdónanos como perdonamos a los que nos ofenden”). Él quiere que recordemos que somos tan pecadores como las demás personas. Él quiere que nos demos cuenta que cuando condenamos a los demás por ser más pecadores que nosotros, estamos cometiendo el gran pecado de menospreciarlos (matarlos) en nuestros pensamientos y con nuestras palabras y acciones. Piensen en alguien que te irrita con frecuencia. ¡Nosotros queremos cambiar a las personas que nos hacen eso! Queremos hacer que dejen de comportarse de esa manera irritante.

Queremos que se den cuenta en donde se equivocan, porque si cambian, va a ser más fácil convivir con ellos. Para ayudarlos y protegernos nosotros, nuestra respuesta automática es decirles lo que necesitan cambiar.

Sin embargo, ellos no ven que esto sea de ayuda, ¿verdad? Ellos creen que los estamos atacando. Ellos piensan que no los amamos porque no los aceptamos como son– ¡y tienen razón! Eso no es amor incondicional. Lo que realmente decimos es, “Aunque te amo, te amaría aun más si dejas de hacer lo que a mí no me gusta.”

¿Entonces como ayudamos a alguien para que crezca y llegue a ser más la persona buena y cariñosa que fue creada por Dios? Jesús nos dice cómo en el versículo 5. Él no nos prohíbe que reconozcamos las faltas en los demás, pero Él si nos dice que primero reconozcamos nuestros propios pecados. Entonces podremos ir con la persona que nos irrita y admitir nuestras propias fallas. Cuando él nos mire acercarnos con humildad en lugar de superioridad, estará más dispuesto a escuchar.

¿Pero y si tratamos con la manera como Jesús quiere y aun así la persona no desea escuchar? Jesús nos dice en el versículo 6 que es el momento para dejar de intentar. ¿Qué pasa cuando les damos perlas a los cerdos? Ellos no saben qué hacer con nuestras perlas de sabiduría, así que solo responden con la única forma que conocen.  Ellos van a pisotear las perlas porque tienen miedo a cambiar; con desesperación quieren creer que nuestra sabiduría está equivocada.

O probablemente ellos quieran genuinamente aceptar nuestra sabiduría, pero no saben cómo beneficiarse de ella. Así que trataran de comerse las perlas y terminaran ahogándose con ellas. Bajo estas circunstancias, es mejor mantener las perlas lejos de ellos, que forzar nuestra ayuda.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Cuáles son algunas frases que usamos para comunicarnos con otras personas, donde les decimos que comprendemos sus faltas porque también nosotros tenemos faltas?

2. Cuenta la vez en que corregiste las faltas a alguien de una forma no amable, y haz la comparación cuando lo hiciste de forma cariñosa. ¿Cuáles fueron las diferencias con los resultados?

3. Describe un incidente cuando trataste de ayudar a cambiar a alguien de una manera cariñosa y esa persona sin embargo te rechazó. ¿En qué momento hubiera sido mejor dejar de intentar, porque estabas dándole perlas al cerdo? Ahora, alguien en el grupo debería compartir desde su experiencia, el valor que tiene para dejar ir al “cerdo.”


(Parte 13) Mateo 7, 7-11

Jesús reflexiona ahora desde el principio de la Oración del Señor: “Confíen es Nuestro Padre que está en el cielo; pidan y les dará” (versículo 7). Después de decirnos en los versículos anteriores que confiemos en Dios, Jesús nos garantiza que Dios nos concederá todo lo necesario. Dios es amor. Su amor por nosotros es perfecto, sin fin e incondicional. Ciertamente, Él nos ama más de lo que los padres humanos son capaces de amar a sus hijos.

En los días de Jesús, el pan se horneaba en forma redonda y se asemejaba a las piedras que eran comunes en el área, y la gente comía con frecuencia un pescado llamado “lota” que se asemeja a una serpiente. Por esto es que Jesús utilizaba estas imágenes (en el versículo 9) para convencernos de que tenemos que confiar en Dios. Su razonamiento es que con el limitado amor que tenemos, les damos a nuestros hijos lo que necesitan, Dios con su amor ilimitado nos dará con seguridad lo que necesitemos.

¿Entonces porque nuestras oraciones no siempre son respondidas como queremos? No es porque Dios nos haya ignorado o esté muy ocupado o nos esté castigando o porque no nos ama. Dios siempre hace lo que es mejor para nosotros y para todos los involucrados. La verdadera oración le está dando a Dios nuestro amor y confianza de forma completa, y así podemos decir, “Esta es la petición en mi oración, Padre. Respóndela como sea lo mejor, en el tiempo que consideres el adecuado, aunque no sea en la forma en que la deseo o la espero. Te agradezco desde ya, antes de que mi oración sea respondida, porque yo ya sé que Tú estás trabajando en un plan para bien de esta situación.”

El resultado más importante de la oración que Jesús quiere que descubramos es la relación íntima con Dios. En los versículos 7 y 8, Él dice, “Si llaman, la puerta se abrirá.” En la versión de Lucas de esta cita (Lucas 11:13), Jesús agrega, “Si ustedes saben dar a sus hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” La oración no es conseguir “cosas” como si Dios fuera Santa Claus. La oración no es controlar a Dios, como si Él fuera un genio mágico. La oración ES recibir todos los dones que Dios pone en disposición, incluyendo los dones que vienen del Espíritu Santo. Cuando recibimos estos dones, nuestras vidas tienen los frutos del Espíritu, que son los frutos de una vida santa.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Cuáles son las diferentes formas de oración que has usado a través de los años? ¿Cuáles fueron las más efectivas? ¿Por qué eran más efectivas que los otros tipos de oración?

2. Cuenta la historia de lo que pasó hace más de un año, cuando tus oraciones no eran respondidas. ¿Por qué crees que no se respondían como tú querías? ¿Dios te presentó una forma distinta para lidiar con la situación? ¿Los resultados al final fueron mejores o peores? Describe porque crees que fueron mejores o peores.

3. Piensa en la vez que tuviste una especie de conversión. ¡Que parte jugó la oración esa vez?


(Parte 14) Mateo 7, 12-14

Podemos encontrar en los versículos de hoy una reflexión sobre “no nos someta a la prueba final” (no nos dejes caer en tentación) que Jesús nos enseñó a orar en el “Padrenuestro.” Viendo primero la sección de la “puerta estrecha” (versículos 13 y 14), Jesús nos advierte que es muy fácil fallar la prueba final, que nos es dada personalmente en nuestro día de juicio.

Al momento de nuestra muerte, nuestras mentes se desprenden de las limitaciones de la vida terrenal y llegamos a tener plena conciencia de Dios y de la profundidad de Su amor. También miramos con claridad la condición de nuestra propia alma: que tanto – o que tan poco – hemos amado. El camino angosto es el sendero del amor, porque Dios es amor. ¡Pero para nosotros es imposible amar con perfección! Así que Jesús dice, “Para ustedes es imposible, pero con Dios se vuelve posible” (Mateo 19:26). Jesús lo hace posible al sustituir en la cruz Su perfecto amor por nuestro imperfecto amor.

La Regla de Oro (versículo 12) es un cartel que nos mantiene en el camino angosto. Jesús tomó un antiguo dicho judío y le dio vuelta para decirnos como mantenernos en la senda. El dicho antiguo (lo podemos llamar la Regla de Plata) decía: “No le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.” ¡Pero esto no es amor! El enemigo puede cumplir la Regla de Plata; pero se necesita amor para cumplir la Regla de Oro: “Traten a los demás como ustedes quieren que ellos los traten.”

A veces pensamos que la Regla de Oro dice así: “Traten a los demás como ustedes quieren que ellos los traten, porque así de esta forma te tienen que tratar. Te lo deben.” Eso no es amor. Es un soborno.

El amor produce este tipo de pensamiento: “¿Porque estoy discutiendo con esta persona? La forma en que debería ser tratado es que él deje de pelear conmigo, así es como lo trato yo. Yo voy a dejar de discutir, sin importar como me trate él, porque yo lo amo a él tanto como a mí mismo.”

El amor es así también: “Alguien se ha robado mi dinero. ¿Como me gustaría a mí ser tratado si fuera un ladrón? ¿Si yo fuera atrapado, querría que me perdonaran, que me dieran otra oportunidad, que no me metan a la cárcel? ¡Por supuesto que sí! Entonces así deberé de tratar a la persona que me robó. Le daré amor en lugar de condena. Después de todo, ¡eso es lo que Jesús ha hecho por mí!”

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. Piensa en una experiencia de conversión que tú has tenido. Pudo haber sido una conversión que te cambió la vida o una conversión pequeña, que te cambió la actitud en donde te volviste más como Cristo. ¿De qué manera fue una bifurcación en el camino, donde un camino te lleva al cielo y el otro te aleja de el? ¿Como es que tu decisión de tomar el camino angosto te hizo tener más amor?

2. ¿Cuales son algunas injusticias comunes por las cuales las personas son tratadas de manera injusta? Haz una lista de varias de ellas. Entonces imagina que esas injusticias te pasan a ti. Conforme a la Regla de Oro, como deberías de responderle a cada uno de los que cometen esas injusticias.

3. Cuenta una situación que en verdad te pasó en donde te sentiste lastimado. ¿Cómo aplicaste la Regla de Oro? ¿O como la hubieras aplicado, ahora que ya comprendes mejor el amor?


(Parte 15) Mateo 7, 15-20

Reflexionando una vez más sobre la oración del “Padrenuestro”, Jesús nos advierte sobre las formas como el maligno puede penetrar en nuestras vidas (“líbranos de todo mal”). En este caso, Él se enfoca en el error que cometemos con facilidad, cuando escuchamos el mensaje equivocado. Un verdadero profeta habla por Dios y es un maestro de la verdad. Hoy en día hay muchos cristianos que creen que están enseñando la verdad, pero ellos han mezclado muchas falsedades en sus creencias.

Vemos ejemplos de estas personas que combinan actitudes cristianas con la sabiduría egocéntrica del mundo empresarial, o gente que de manera entusiasta guían a otros a creer en cada aparición de María y visiones de Jesús, sin tomar en cuenta si estas son legitimas. Con frecuencia, los conceptos de la Nueva Era son entretejidos con creencias cristianas. Muchos de nosotros han sido influenciados, en cierto grado, por la noción que dice “si es bueno para mí, continúo y lo hago, aun si está en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia” (el uso del control natal artificial es un ejemplo común).

Algunas falsas enseñanzas son tan sutiles, que es difícil conocer el daño que están causando. Por ejemplo, una pareja con problemas en su matrimonio pide ayuda a Dios y ellos creen que Él les dice que se divorcien. Ellos han aprendido de la sociedad y de ejemplos puestos por otros que no está bien sufrir en el matrimonio. Permanecer casados parece ser más dañino que salirse, pero Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos (situaciones perversas y abusivas ameritan una separación, mientras se continúa amando al conyugue). Los caminos de Dios siempre son los mejores para nosotros. Él no es un Dios de desunión, sino de reconciliación. Nuestras almas eternas se dañan más con un acto sin amor al hacer a un lado a uno de los hijos de Dios (nuestro conyugue), que por el sufrimiento que se produce mientras aprendemos a amar a otros a pesar de las grandes dificultades.

Con tantas falsas enseñanzas llamándonos, ¿como podemos distinguir la diferencia entre lo que es cierto y lo que no es? Jesús nos da la respuesta: Miren los frutos. ¿La enseñanza nos acerca a Dios o nos aleja de Él? ¿Está totalmente de acuerdo con las Escrituras? ¿Está al servicio del Reino de Dios o lleva a cabo una meta de Satanás? ¿Sirve a las demás personas involucradas o solo nos sirve a nosotros y a nuestros deseos e inseguridades? El amor es siempre la meta. ¿La enseñanza nos ayuda a amar a los demás como Dios nos amó primero a nosotros? Los profetas verdaderos siempre nos llevan más allá por el camino angosto de los versículos 13 y 14.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. A través de los años, tú has crecido en tu comprensión de la manera correcta de vivir. Háblanos de cómo algunas de tus creencias han cambiado. Menciona una vieja creencia tuya que dejaste porque aprendiste que estaba equivocada. ¿En qué manera esta creencia era sin amor? ¿Por qué cambiaste de idea acerca de esta creencia? ¿Cuáles han sido los frutos de tu nueva forma de pensar?

2. ¿Cuando tú tienes conciencia que alguien que tú conoces está viviendo una falsa creencia, como manejas normalmente esta situación? ¿Intentas convencerlo a él/ella de que está equivocado/a? ¿Cuál es la forma más cariñosa de corregir la creencia de esa persona?

3. ¿Y si la persona de la pregunta número 2 se rehúsa a cambiar? ¿Es correcto seguir tratando de que él/ella comprenda la verdad? (Consejo: regresen de nuevo a la lección en Mateo 7:6.) Discutan sobre el punto.


(Parte 16) Mateo 7, 21-23

Después de advertirnos contra los falsos profetas, Jesús nos explica ahora que debe hacer un verdadero discípulo: Simplemente, hacer la voluntad del Padre. ¿Pero cuál es su voluntad? ¿Cómo podemos estar seguros de que comprendimos de manera correcta su voluntad? ¿Cómo sabemos si realmente somos verdaderos discípulos de Jesús?

Un discípulo aprende e imita a su maestro. Todos somos discípulos de algo o de alguien – o lo que haya sido una fuente de aprendizaje. Por ejemplo, los programas de televisión nos enseñan que es bueno burlarse de la gente. La formación empresarial nos dice que es correcto obtener de los consumidores todo el dinero posible. Y aprendemos después de ser ridiculizados y rechazados que lo mejor es evitar hablar de Jesús. Y aun así, decimos que somos cristianos. Afirmamos ser seguidores de Jesús – el mismo Jesús que dijo que burlarse de alguien es denigrarlo o verlo como alguien sin valor, lo que nos condena a la Gehena (Mateo 5:22), el mismo Jesús que jamás cobró por Sus servicios, el mismo Jesús que nos advirtió que si sentimos vergüenza por Él, Él también se avergonzará de nosotros cuando nos presentemos ante el Padre en el momento de nuestra muerte (ver Marcos 8:38).

Ninguno de nosotros es perfecto en nuestro discipulado. No siempre somos verdaderos discípulos, pero tampoco lo fueron los primeros Apóstoles. Así que no se sientan mal; ¡Dios todavía los ama! Él no espera que ustedes alcancen la perfección mientras están en este mundo. Un discípulo verdadero es aquel que se esfuerza en ser más como Jesús y hace todo lo que sea necesario para mejorar.

Los “malvados” que serán rechazados por Jesús (versículo 23) puede ser alguien que va a la iglesia cada fin de semana, sirve como Ministro de la Eucaristía y ayuda en cualquier forma con lo que el pastor le pide – para ganarse su camino al cielo. Pero Jesús nos dice que los que entraran al cielo son aquellos que hacen la voluntad del Padre (versículo 21). ¿Cuál es la voluntad del Padre? Jesús nos la ha estado enseñando en todo el Sermón de la Montaña: la voluntad de Dios es amar. Sea lo que sea que hagamos, es el amor lo que nos une con Jesús y el cielo. Cuando confiamos en nuestras obras para que estas nos lleven al cielo, no somos verdaderos discípulos de Jesús. Pero cuando amamos como Jesús amo, hacemos el trabajo de amor de Dios, entonces de esta manera nos convertimos en verdaderos discípulos.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Cual es la diferencia entre hacer buenas obras porque hay que hacerlas y hacerlas porque nos importa? Imagina cocinar una comida para una familia que ha experimentado la muerte de un ser querido. ¿Porque otras razones va una persona a prestar este servicio, sino es porque realmente él/ella se preocupa por la gente que está de duelo? Nombra otras buenas obras y has una lista de las razones para realizarlas aparte del amor.

2. Describe la vez cuando alguien hizo una buena obra en tu beneficio. Probablemente fue tu conyugue quien la hizo, o un vecino o un miembro de la iglesia. ¿Sentiste amor en esa acción? ¿Cuál fue el impacto de eso en ti?

3. ¿De qué maneras puedes servir a los demás con más amor? ¿En donde es necesario el cambio en ti?


(Parte 17) Mateo 7, 24-29

Jesús concluye Su sermón haciendo un gran énfasis en lo importante que es poner en práctica lo que Él ha predicado. No podemos darnos el lujo de ser solo oyentes de la Palabra; nuestra salvación depende en ser hacedores de la Palabra. Y la Palabra se puede resumir brevemente: Ser dadores del amor incondicional de Dios.

Todos sabemos que es muy fácil escuchar un buen sermón e ir a casa después y seguir igual que siempre. Es mucho más fácil que cambiar. Cuando empezaron este Estudio Bíblico, ustedes no tenían noción de algunas de las enseñanzas de Jesús que están contenidas en el Sermón de la Montaña. Pero ya no pueden alegar ignorancia. ¿Cómo van a aplicar estas enseñanzas en su vida? Jesús dice que si las tomamos con seriedad y se actúa conforme a ellas, se construirá una vida que soportará cualquier tormenta, persecución, prueba y problemas causados por gentes que te hacen sufrir. Pero si no permites que las enseñanzas de Jesús te transformen, los problemas venideros te destruirán – van a destruir tu paz, tu alegría y la conciencia de que Dios te ama y te ofrece su ayuda.

¡Todos estamos viviendo una tormenta en estos momentos! Es muy raro el momento en que todo está en calma a nuestro alrededor. Por lo tanto, nuestra paz verdadera tiene que venir de dentro. Tratamos de lidiar con problemas en la manera en que el mundo nos dice, pero no encontramos paz duradera con esas soluciones. ¡A veces ni siquiera paz temporal!

Y aun así, pareciera una locura esperar paz por hacer lo que Jesús nos enseñó en el Sermón de la Montaña. ¿Amar a tus enemigos? ¿No enojarse, incluso cuando alguien se enoja contigo? ¿Cuando alguien te lastima, debes estar dispuesto a ser lastimado de nuevo al ofrecer la otra mejilla? ¿Darle a alguien que pide algo de ti y aun así darle más? ¿No juzgar y siempre perdonar? ¡Esta forma de vida no es justa! Y cuando la vida no es justa, estamos confundidos.

En realidad, cuando tratamos de lidiar con la tormenta con cualquier medio que no sea el amor, terminamos en dificultades mayores porque levantamos tormentas nuevas. Pero cuando dejamos de pelear con Dios y sus maneras, la confusión pasa. Su amor se hace cargo. Él se convierte en la fuente de felicidad y dejamos de apoyarnos en los demás para tener paz. La tormenta puede desatar toda su furia, y todavía así viviremos en paz. Los caminos de Dios son realmente los mejores caminos. El amor hace toda la diferencia.

Preguntas para Reflexión y Discusión

1. ¿Como planeas aplicar lo que has aprendido en las lecciones de este curso de Estudio Bíblico? ¿Qué esperas que va a cambiar en tu vida?

2. Mira de nuevo los versículos que has estudiado en las semanas previas. ¿Cuáles fueron los que te ofrecieron el mayor reto? ¿Por qué fue un reto para ti? ¿Cuál fue el resultado, como has cambiado?

3. Cuenta la vez en que te fuiste contra toda “lógica” y respondiste ante la situación con el amor al igual que Cristo. ¿Cuanta confusión interna sentiste antes y cuanta confusión sentiste después de haberlo manejado en el modo de Dios? ¿Por qué crees que hubo diferencia?


© 1997 por Terry A. Modica: Todos los Derechos Reservados. Para obtener una copia para imprimir y un permiso para distribuir, por favor, ir a catholicdr.com/ebooks/HolyLiving.htm


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