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Los caminos misteriosos de Dios con una nulidad matrimonial

Los caminos misteriosos de Dios con una nulidad matrimonial

El siguiente es el testimonio de Caro Yañez sobre cómo obtener una nulidad matrimonial difícil para que su segundo matrimonio pueda ser bendecido:

Nulidad Matrimonial

Conocí a mi esposo, Félix, en Abril 2010 t nos casamos en una ceremonia civil en Julio 2011. Él es mi primer y único esposo. Yo me convertí en su segunda esposa. Nuestro camino a la felicidad no iba a ser fácil, porque su primer matrimonio había sido bajo la ley de Dios. Pero no queríamos esperar. Yo ya tenía 40 y tantos años y sabía, con seguridad, lo que quería. Sentía que no había tiempo que perder.

Durante nuestro primer año de casados, creímos que habíamos comenzado el pedido de nulidad de su matrimonio católico en México. Pero la información que le solicitaron a mi esposo no era correcta y su archivo estaba apilado sobre el escritorio de un sacerdote. Un año más tarde, aún no teníamos noticias, parecía un caso congelado.

Entonces, comenzamos nuevamente, esta vez, en los Estados Unidos, nuestro nuevo país de residencia.

Cuando vimos todos los requisitos (cuestionarios, testigos y toda esa información agotadora) mi esposo se sintió temeroso y descorazonado; no es algo fácil tocar las heridas de un hombre.

Pasó un año y yo seguía orando y pidiéndole a Dios y a nuestra Santa Madre María que tocara el corazón de mi esposo con amor y compasión, que sanara sus heridas y que lo preparara para hablar de su primer matrimonio sin dolor.

Félix es creyente y devoto de la Virgen de Guadalupe. No obstante, se llamaba a sí mismo “católico regular”, queriendo decir que practicaba su fe yendo a Misa del Domingo y nada más. Yo, no obstante, realmente sabía lo que me estaba perdiendo por no tener un matrimonio válido. Ni corazón desfallecía. Cada Misa de Domingo, durante la Comunión, lloraba por dentro y, a veces, por fuera también. Sentía una profunda tristeza y angustia por la incertidumbre, pero al mismo tiempo algo me decía que Dios me amaba y que era misericordioso, y que no nos dejaría sin su bendición del Sacramento del Matrimonio.

Durante todo este proceso, mis padres jugaron un rol muy importante. Cada vez que los visitábamos, mi madre preguntaba cuándo nos casaríamos por las leyes de Dios (¡las mamás mejicanas se preocupan todo el tiempo!), y cada vez mi corazón sentía el dolor y la presión por ese tema.

En una de esas visitas a la casa de mis padres, en una conversación privada les hablé sobre el proceso de nulidad: que no iba a ser fácil, que tendríamos que tocar heridas de mi esposo, que teníamos que conseguir testigos que no aparecían, que sería un largo y difícil camino, lleno de desafíos emocionales y espirituales

Traté de dejárselos en claro (hasta con lágrimas) para que mi mamá estuviera menos ansiosa y tuviera más paz. Luego, mi padre, un hombre de pocas palabras pero de mucha fe, cuando vio mi tristeza me dijo: “Carolina, si es la voluntad de Dios, él tiene sus tiempos y momentos. No lo apures. Deja que Dios sea Dios. ¿Quién te apuró a ti?” Me quedé sin palabras, pero en paz.

Cuando regresamos a nuestro hogar en los Estados Unidos, mi esposo y yo comenzamos nuevamente el proceso de nulidad. Poco a poco, abrió su corazón y comenzó a contar su historia. Lo escuché con mi corazón y lo escribí como instrumento de Dios que lo consoló. Terminamos el cuestionario y lo enviamos al abogado diocesano.

Seguimos buscando testigos. Mi esposo se contactó con un amigo que no había visto por más de 20 años. Ese amigo era ahora un servidor en su iglesia. Cuando hablaron, el amigo le explicó a Félix la importancia de tener la bendición de la Iglesia y poder recibir la Comunión. (Yo había tratado de explicárselo sin éxito: Dios tenía sus propios instrumentos y caminos misteriosos.)

Luego de colgar el teléfono, Félix me dijo: “Querida, ahora sé lo mal que te has sentido todo este tiempo, no pudiendo recibir la Comunión en la Misa del Domingo. Pero ahora lo entiendo.” Casi lloro de alegría. Ahora estamos en el mismo camino y haremos lo que sea necesario para alcanzar el objetivo.

Nuestro objetivo: que el Señor edifique nuestro hogar, de otra forma trabajaremos en vano.

Nulidad Matrimonial Caro y Felix Yanez

Durante todo este tiempo, más de 3 años, nuestra Madre María y el Rosario, los sacrificios y ofrecimientos estuvieron presentes, y aún lo están, en nuestra vida familiar.

En septiembre de 2017, llegó la tan esperada certificación de nulidad matrimonial de la Diócesis de Phoenix. Seis meses más tarde, el día de la Epifanía del Señor, me casé en México por la ley de Dios. Mi querido amigo y sacerdote Pepe (Su Excelencia, ya que ahora es Obispo) presidió la celebración Eucarística.

Mi esposo y yo compartimos el mismo pensamiento: luego de nuestro casamiento religioso, sentimos nuestros corazones y espíritus llenos, como si nuestros pequeños corazones (jarros) estuvieran llenos de amor, gozo y paz.

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© 2018 por Caro Yañez con Terry Modica of Good News Ministries

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