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Spiritual Growth – Examination based on the 10 Commandments – Start

Haz un Examen de Conciencia
basado en los 10 Mandamientos

Moisés y los 10 Mandamientos

Para hacer copias para distribuir, por favor ve a Catholic Digital Resources, donde encontrarás, también, una versión para jóvenes.

Atención: No envíes este Examen de Conciencia a otras personas porque piensas que «lo necesitan.” ¡Esto es para ti!


El Pecado es odio a Dios

“En la medida en que [los humanos] estemos dispuestos a preferir nuestra propia voluntad a la voluntad de Dios, puede decirse que odiamos a Dios: por supuesto que no podemos odiarlo por ser Él mismo. Pero lo odiamos en los Mandamientos que transgredimos. Pero Dios es nuestra vida: la voluntad de Dios es nuestro alimento, nuestra carne, nuestro pan de vida. Odiar nuestra vida es entrar en la muerte” (Thomas Merton).

¡Tu puedes vivir una vida santa!

“Lo que Dios manda, lo hace posible mediante la gracia” dice el párrafo 2083 del Catecismo de la Iglesia Católica.

“Jesús dice: ‘Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ese da mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada.’ El fruto evocado en estas palabras es la santidad de una vida hecha fecunda por la unión con Cristo. Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo… viene a ser, por obra del Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar” (párr. 2074).

En otras palabras, sólo cuando tenemos una relación creciente con el Señor Jesús, es cuando estamos capacitados para vivir más y más dela manera en que Dios nos manda. Jesús nos da su Espíritu Santo para ayudarnos a entender y a obedecer los mandamientos del Padre.

¡Las leyes de Dios fueron hechas para nuestro beneficio! Nuestra obediencia nos hace abrirnos para recibir más de Dios: más de Su amor, Su ayuda, Su consuelo, Su sanación, etc. “El don de los Mandamientos es el don de Dios mismo” (párr. 2059).

Cada vez que desobedecemos a Dios, hacemos más complicadas nuestras vidas porque nos estamos alejando del amor: “El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones” (párr. 1850).

Por esta razón es que es muy importante hacer un buen examen de conciencia. Utiliza este Examen de Conciencia en oración. Toma nota de tus pecados cometidos como te vienen a la memoria. Entonces reflexiona cómo es que estos pecados se han opuesto al amor. Recuerda que Dios es un Dios de misericordia. Su misericordia no nos da derecho para hacer lo que se nos da la gana. Es más, nos ofrece amor aun cuando no lo merezcamos.

Tan pronto como sea posible, confiesa tus pecados y recibe las gracias extras que están disponibles con el Sacramento de la Reconciliación. Una vez que hayas hecho esto, estás liberado de la culpa de estos pecados (aunque todavía tengas que arreglar el daño causado) y no necesitas volver a confesar estos pecados, a menos que los vuelvas a cometer. Así que perdónate a ti mismo y apóyate en las gracias sobrenaturales del Sacramento, que te ayudarán a vivir una vida de santidad y en amor.

Este Examen de Conciencia está basado en los Diez Mandamientos porque: “expresan los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos” (párr. 2072).

Es imposible convertirse de cada tendencia pecaminosa inmediatamente, sin importar cuánto lo deseemos. Deja que Dios te transforme, pero sé paciente contigo mismo. Purificarte es un proceso – a veces es un proceso muy largo. Dios te ama ahora mismo ¡y tú también deberías amarte!

Próximo1er Mandamiento
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© 2000 por Terry A. Modica


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    1. Graciela Ribot Autor

      Es muy cierto, es reconfortante y liberador saber que Dios nos perdona nuestros pecados.¡Si pudiéramos ser conscientes del amor que nos tiene Dios hoy! El no espera que seamos santos, nos ama ya, como estamos. ¡Claro que quiere que seamos mejores, pero eso no altera su amor por nosotros hoy! ¡Somos sus hijos amados!

      Responder

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