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Spiritual Growth – What is Faith?

¿Qué es la fe?

¿Tienes suficiente fe? ¡Sí!

¿Tienes fe cuando oras?Thomas Merton, monje trapense bien conocido como un maestro espiritual, escribió que «la fe es la comunión con la luz de Dios y la verdad» (Nuevas semillas de contemplación).

¿Alguna de tus oraciones no ha sido respondida porque no tienes suficiente fe? ¡No! –porque la fe es unión con Dios. Si crees en Dios, y si crees que  te ama y Si amas a Dios, entonces tienes fe.

Orar con fe es el acto de comunicarse con él a través de todo lo que sucede en la vida, seas consciente o no: comunicarse con él en silenciosa contemplación de su bondad, comunicarse con él haciendo el bien, comunicarse con él en tus anhelos y en la esperanza, en el deseo y en los sueños de tiempos mejores, comunicarse con él en tus pruebas y dificultades, comunicarse con él en cada decisión que tomes, comunicarse con él en tus relaciones, descubriendo cómo manejar las relaciones y cómo cultivar esas relaciones.

La fe no es algo que invocamos. No podemos trabajar en la construcción de «músculos de la fe». La fe es un don del Espíritu Santo, como se dice en Romanos 12 y 1 Cor. 12, para ayudarnos a vivir una vida santa. La fe es algo que por la gracia de Dios recibimos en nuestro bautismo. Lo recibimos porque somos hijos de Dios y él quiere que nos comuniquemos con él. Quiere que nos unamos a él, abrazados por su amor para siempre.

¿Cuál es la diferencia entre fe y creencia?

La fe es nuestra conexión con Dios. La creencia es lo que aprovechamos de esa conexión. ¿Crees en la bondad de Dios? ¿Crees que Cristo es su Salvador? Entonces tú te has puesto a disposición de la gracia que te da fe.

Por ejemplo, piensa en el Mar Muerto en Israel. Se llama el «Mar Muerto» porque está tan lleno de sal que nada puede vivir en él. Y porque está tan llena de sal, si tuvieras que ir allí y entrar en esa agua, nunca te hundirías. Para aquellos que van en peregrinación a Tierra Santa, a menudo es una de las paradas de turismo, porque la gente quiere experimentar esa flotabilidad, esa incapacidad de hundirse.

Si nunca lo has experimentado y alguien te dice: «Confía en mí, no te hundirás», pero no sabes nadar, ¿verdaderamente crees que puedes ir con seguridad a las aguas del Mar Muerto, en las profundidades y no hundirte? ¡Recuerda, tú no puedes nadar!

Eso es lo que es la fe. La fe no es la acción de salir y probar las aguas. Es la realidad de mantenerse a flote. Primero, creemos que es verdad: «No me ahogaré. Esa agua me sostiene, aunque nunca he experimentado algo similar antes. No necesito tener miedo.» Entonces, la fe se convierte en la realidad de la misma. Del mismo modo, la comunión con Dios es la realidad que no se puede hundir espiritualmente. Mientras creas verdaderamente en el amor y la bondad de Dios (y esto es evidenciado por la bondad que saca de ti), la realidad es, puedas nadar o no, flotarás con seguridad a través de todos los desafíos y dificultades. Dios guardará tu cabeza por encima del agua.

Creer en la bondad de Dios hace resaltar la bondad en nosotros, y así la fe sin buenas obras está muerta, como dice en las Escrituras. La comunión con Dios es una acción: actuamos de la manera que él quiere que actuemos. Actuamos de la manera en que Dios quiere actuar a través de nosotros.

La oración se hace poderosa cuando creemos que lo que Dios dice es verdad; esta creencia nos introduce en la fe -la comunión con Dios- que ya es nuestra. Al orar por alguien o por tus propias necesidades, es un error pensar: «No tengo suficiente fe; esta oración no va a ser contestada.» ¡Tu tienes bastante fe; tú tienes toda la fe que el Espíritu Santo te ha dado, la cual es la misma fe que Jesús tenía en la Biblia; la misma cantidad de fe!

No podemos edificar nuestra fe para que nuestras oraciones sean respondidas. Más bien, sólo tenemos que realizar las actividades que nos integran más plenamente en la unión con Dios – actividades tales como confesarnos para superar nuestros pecados, crecer en santidad, conocer mejor a nuestro Señor leyendo las Escrituras y otros libros espirituales, a las clases de formación de fe en la Iglesia, asistiendo a las misiones parroquiales y cualquier otra actividad que pueda ayudarnos a conocer mejor a Dios. Esto es lo que construimos. Esto nos ayuda a aprovechar la fe que Dios ya nos ha dado.

Si nuestro poder de oración es débil, no es porque no tenemos suficiente fe. Es porque todavía no hemos comprendido la plenitud de nuestra unión con Dios. No hemos entrado lo suficiente. No lo hemos comprendido en acción o en creencia. Una vez que nos damos cuenta, también nos damos cuenta de que somos instrumentos de Dios, somos manos y pies de Cristo. Cuando la gente nos dice: «Oren por mí», Dios ya está cuidando su situación, porque los ama. Jesús ya está orando por ellos, pero tiene que usar nuestras manos para levantarlos en oración. Él tiene que usar nuestra voz para que puedan oír a sí mismos ser levantados, lo que aumenta su conciencia de su comunión con Dios. Al orar con ellos, para ellos, se sienten cuidados y así se vuelven más conscientes de que Dios se preocupa por ellos.

Cuando nos damos cuenta de que somos meramente conductos de la sanidad de Dios, conductos de la gracia de Dios, conductos del amor de Dios, conductos de las soluciones de Dios a los problemas que se enfrentan, entonces su poder fluye a través de nosotros.

No necesitamos más fe; tenemos todo lo que necesitamos. Necesitamos ser más conscientes de qué hacer con esa fe y cómo entrar en ella más plenamente. 

© 2013 por Terry A. Modica

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