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Passion Spirituality (Intimacy with Jesus) – Are you in need of comfort?

Passion Spirituality (Intimacy with Jesus)

Intimacy with Jesus

Bienaventurados los que sufren

¿Necesitas consuelo?

Un ángel confortó a Jesús en Getsemaní

Es muy normal sentir tristeza y una gran agonía cuando hacemos lo contrario a nuestros deseos carnales, porque entonces morimos a nosotros mismos. Esto es lo que nos une a Jesús en su oración de agonía en el Jardín de Getsemaní. Nosotros experimentamos la misma agonía cuando luchamos por sobreponernos a nuestros deseos mundanos, a nuestra lógica y a nuestro instinto de auto protección. Ve y llora, quéjate con Dios, y siente el dolor al abandonar el deseo de una vida fácil, porque “Dichosos los que sufren, porque serán consolados” (Mateo 5, 4).

Para experimentar ese consuelo que proviene del Consolador – el Espíritu Santo — tenemos que recordar que es valioso sacrificar nuestro consuelo en aras de dar amor incondicional a los demás.

Este es el mismo consuelo que Jesús recibió en Getsemaní. Le dio la fuerza para ver más allá de la cruz y confiar en la resurrección. Hebreos 12, 2 dice: “Fijemos nuestra mirada en Jesús, el autor y perfeccionador de nuestra fe, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría…”

¿Quieres perfeccionar tu fe? En terminología de la escritura, “perfecto” significa recibir y dar plenamente el amor incondicional de Dios. ¿Realmente quieres tener una fe perfecta? Yo pensaba que sí, hasta que Dios me preguntó, “¿Estás dispuesta a sufrir para ser un mejor ministro para Mi pueblo?” Si el dolor es el precio para obtener la fe perfecta, mi primera respuesta sería siempre: “¡no!”

Aun después de dar mi “sí” a Dios, mi naturaleza carnal continuaba diciendo “no.” Cada vez que surgía un problema en mi relación con el amigo de la familia que nos causó mucho dolor, quería abandonar en lugar de permanecer firme en el amor incondicional. Yo quería deshacerme rápido de los problemas, en lugar de trabajar en ellos. Sin embargo, cuando le llevé esto a Dios y me arrepentí de los deseos carnales, me interesé en la manera en que los santos manejaban sus dificultades. Aprendí el valor de “mortificar” mi apego a este mundo, esto es, crucifiqué mi apego a la ilusa idea de que podía tener una vida libre de relaciones difíciles que lastiman.

¿A qué estás apegado y que no es la verdad o no es de Dios? ¿A qué deseos te sientes apegado? ¿Qué planes? ¿Qué expectativas tienes de cómo se deberían comportar los demás? ¿Qué exigencias de cómo te deberían tratar los demás? ¿A qué sabiduría mundana? ¿Qué necesitas abandonar para poder amar incondicionalmente a todos? ¿Tienes temores que debes abandonar? ¿Actitudes? ¿Un sentimiento de inferioridad o incompetencia?

¡Qué difícil es mortificar nuestros apegos! Trata de llevar tu reloj en la otra muñeca y veras lo apegado que estás a las rutinas familiares.

Santa Teresa de Ávila escribió: “Les aseguro que el alma y la pobreza de espíritu pagan muy caro por cualquier consuelo que el cuerpo pueda obtener.” Ella también dijo:

A menos que tengamos mucho cuidado y que cada uno de nosotros le de la prioridad más alta a renunciar de manera constante a su propia voluntad, muchas cosas nos privarán de la santa libertad espiritual, que nuestras almas buscan con el afán de elevarse hacia su Hacedor, libres de cualquier lastre terreno… Es aquí donde la verdadera humildad puede entrar, porque esta virtud y el desapego a uno mismo, pienso yo, siempre van juntos.

Las Escrituras nos dicen, “Lo único que cuenta es la fe expresándose a través del amor” (Gálatas 5, 6 DHH). ¿Estamos expresando nuestra fe cuando sufrimos? ¿Las personas se percatan de nuestra fe cuando nos hacen la vida imposible?

Cuando nos rendimos a los deseos de la carne, estamos desestimando al Dios que nos prometió consuelo y llenarnos de su alegría. Estamos olvidando que Él es lo suficientemente poderoso para ayudarnos a sobrellevar cualquier cosa. No confiamos en que Él nos va a proteger de la destrucción y que nos va a ayudar a crecer a partir de la experiencia. Si Dios piensa que somos capaces de manejar nuestras pruebas, entonces de seguro podemos, pero tenemos que permanecer en contacto con Él y pedirle que nos de Su amor sobrenatural para las personas con las que nos sentimos impotentes para amar.

NOTA IMPORTANTE: Dios no desea que permanezcamos en cada relación hiriente que experimentamos. Para algunas no estamos preparados, emocional o espiritualmente. Y algunas son muy abusivas. Tenemos que pasar tiempo discerniendo, buscando el consejo de expertos, para descifrar a qué cruces Dios quiere que le digamos “sí” y de cuáles Él quiere apartarnos. Cuando los abusos son peligrosos, no debemos permitir que continúen. Con frecuencia la única manera de dar amor reparador a una situación violenta o sexualmente abusiva, es establecer límites sanos y hacerlos respetar. Tendríamos que separarnos hasta que el abusador reciba la orientación y el entrenamiento que él o ella necesitan para controlar la ira y para que sea seguro vivir con ellos. Solo así estaremos llamados a recibirlos de vuelta y regocijarnos como el padre del Hijo Pródigo.

¿Sabes qué es lo que Dios más valora? ¡A TI! Para poder amar a otros cuando tu carne dice “no,” tienes que entender esto. Tienes que estar completamente convencido de esto. Tú no puedes dar amor en una relación difícil, si no recibes todo el amor que el Padre te está dando. Pídele a Jesús que abra tu corazón y tu mente a la grandeza de su amor por ti. Pídele a Él que te muestre que cuando estaba orando en el Huerto de Getsemaní, Él estaba pensando en ti. Fue por amor a ti que Él dijo “sí” a la cruz.

© 2002 por Terry A. Modica

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