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Passion Spirituality (Intimacy with Jesus) – Betrayal and Abandonment

Passion Spirituality (Intimacy with Jesus)

Intimacy with Jesus

Traición y abandono

¿Has sido traicionado por un amigo?

¿Has sido traicionado, negado, rechazado o abandonado? Estos elementos existen en cada relación difícil. ¿Te diste cuenta de que te unió más a Jesús? ¿Sabías que entraste en Su Pasión?

Entender esta unión es la clave para descubrir cómo regocijarnos en nuestros sufrimientos, tal como San Pablo nos desafía a hacer (cf. Romanos 5, 3-5). No hay mayor alegría que la de estar íntimamente conectados a Jesús y asemejarnos a Él.

Jesús dijo: “Te he dicho esto para que mi alegría pueda estar en ti y que tu alegría pueda ser completa. Mi mandamiento es éste: ámense los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que aquel que da su propia vida por la de sus amigos” (Juan 15, 11-13).

C.S. Lewis dijo:

«Amar es ser vulnerable. Ama a cualquier cosa y tu corazón seguramente se retorcerá y se quebrará. Si quieres asegurarte de que permanezca intacto, no le debes entregar tu corazón a nadie, ni siquiera a un animal. Envuélvelo cuidadosamente alrededor de aficiones y pequeños lujos, evita todo enredo, enciérralo en el ataúd de tu egoísmo. Pero en ese ataúd –seguro, oscuro, inmóvil, sin aire—cambiará. Se hará irrompible, impenetrable, irredimible… El único lugar fuera del cielo donde estarás perfectamente seguro de todos los peligros y perturbaciones del amor es el infierno.»

Traicionado por un amigo – Parte 1

Las lecturas de la Misa, Martes de Semana Santa

At the Last Supper, Jesus knew he would be betrayed

En Juan 13:21-38, cuando Jesús anuncia que uno de sus discípulos más cercanos lo traicionará, Pedro y los demás se miran con desconcierto y alarme. ¿Alguno se habrá sentido culpable? ¿Habrán examinado rápidamente sus conciencias recordando todas las veces en las que secretamente no habían estado de acuerdo con Jesús o habían deseado que hubiera hecho las cosas de otra manera? Probablemente.

Pedro esperaba no ser él el que traicionaría a Su amigo más querido, así que tímidamente le pidió a Juan que le preguntara a Jesús, “¿Quién es?”

Él no quería traicionar a Jesús. Realmente lo creía cuando decía, “¡Daré mi propia vida por ti!” Sin embargo, lo traicionó a pesar de sus buenas intenciones. Nosotros somos como Pedro cuando no compartimos nuestra fe porque tememos ser rechazados, o cuando comprometemos nuestros valores morales para evitar conflictos. Lo amamos a Jesús, pero lo traicionamos. Y tal como Pedro nos horrorizamos de nuestro pecado y recibimos perdón con alegría.

Judas era diferente. En el capítulo previo del Evangelio de Juan vimos la reacción de Judas hacia el gesto íntimo y amoroso de María al ungir a Jesús con un perfume caro. Me parece a mí que estaba celoso. El amor que existía entre Jesús y María era obvio. Era íntimo y generoso. Aparentemente Judas no sabía que Jesús también lo amaba a él de la misma manera.

Podría haber aprendido del amor entre María y Jesús, pero en cambio los atacó verbalmente. Con su percepción nublada por su gran necesidad, juzgó la intimidad entre María y Jesús como inapropiada. Intentó manipularlos para que se sintiesen culpables usando a los pobres como comodines.

La gente tan necesitada a veces utiliza la manipulación para conseguir lo que quieren. Por eso no es extraño que Judas lo haya entregado a Jesús cuando éste falló en cumplir con sus expectativas de ser un Mesías que luchaba como guerrero. No podía entender el poder victorioso del amor incondicional y sacrificado de Dios. Y con un corazón tan dolorido y necesitado cerrado al amor de Cristo, no es extraño que haya elegido el suicidio como una cura para su dolor, en vez de buscar el perdón de Jesús.

Piensa en las personas en tu vida que más necesitan amor. Todos tenemos amigos que quieren que seamos un dios para ellos, dándoles todo lo que necesitan. No tratan de desarrollar una relación sanadora e íntima con Jesús, con lo cual se vuelven exigentes con nosotros, se enojan o nos manipulan. Cuando nos volvemos hacia Jesús para recibir la plenitud del amor que ellos no nos pueden dar, se vuelven celosos. Y tal como Judas, ellos se convierten en los amigos que nos traicionan. No es extraño, entonces, que se vuelven a otras dependencias en vez de al amor saludable que nosotros les podemos dar.

Algunas traiciones son fáciles de perdonar porque sabemos que el traidor realmente nos ama. Sin embargo, cuando nos traiciona un Judas, ¿es posible seguir amándolo? Si no lo es, nos hemos convertido en traidor del Señor al separarnos de Él, porque Él nunca deja de amar a nadie.

En la segunda parte veremos cómo acercarnos más a Jesús cuando sufrimos traiciones.

Traicionado por un amigo – Parte 2

Las lecturas de la Misa, Miércoles de Semana Santa

We united ourselves to the passion of Jesus

Hoy, mientras continuamos uniéndonos a Jesús en Su Pasión, aprenderemos cómo acercarnos más a Él mientras soportamos sufrimientos. Nos unimos a Jesús perdonando a todos los que han pecado en contra nuestro.

Como vemos en Mateo 26, 14-25, incluso Judas pregunta, “¿Seguramente no fui yo, Rabino?” cuando Jesús se refiere a su traidor. Nos sentimos más traicionados cuando nos traiciona un amigo que nos asegura nunca nos lastimaría. La verdad es que todos en algún momento nos traicionan de alguna manera, ya sea con respecto a algo pequeño o grande, pero igual nos duele. Cada vez que un amigo o pariente nos decepciona, no cumple una promesa o se rehúsa a aceptar lo que compartimos con él o ella desde el corazón, ellos nos traicionan. Nosotros les hacemos lo mismo. Ocurre a diario.

Como seguidores de Cristo, ¿cómo debemos manejarlo?

Podemos encontrar sabiduría y fortaleza meditando con Isaías 50:4-9. Aunque es una profecía acerca de los sufrimientos de Jesús, lo podemos aplicar a nuestras propias vidas.

“El Señor Dios me ha dado una lengua bien entrenada, Para saber cómo hablarles a los fatigados y animarlos”.

Reflexiona acerca de cuánto has crecido en compasión como resultado de tus sufrimientos. ¿Qué has aprendido que puedas enseñarle a otros que están pasando por pruebas parecidas?

“Mañana tras mañana él abre mis oídos para que pueda escuchar; Y no me he rebelado, no he vuelto atrás”.

Jesús se enfrentó a Su crucifixión con resolución y absoluta confianza en el Padre. Aún cuando intentó deshacerse del cáliz de sufrimiento durante Su agonía en el jardín de Getsemaní, no le dio Su espalda al Padre. Se comprometió: “Que se haga Tú voluntad, no la mía”. Tú, también, lo tienes a Dios para ayudarte a avanzar a través de tu dolor hasta que Él te sane. Podrías haberte dado por vencido con Dios y renunciado a Sus planes, pero no lo has hecho. Esto te ha unido a Jesús.

“Mi cara no escondí de los golpes y los escupitajos.»

¿Cuántas veces has puesto la otra mejilla en imitación a Jesús? Dios sabe cuántas veces te has rehusado a vengarte del mal con el mal. Cada vez que lo has evitado, te has unido a Jesús.

“He puesto mi rostro como pedernal, sabiendo que no seré sometido a la vergüenza”.

Mediante tu resolución de amar y perdonar a aquellos que te han hecho daño, y mediante tu negativa de comprometer tus moral para salvarte de la persecución, te has unido a Jesús, y aunque otros intenten avergonzarte Él te sostiene alegremente cerca de Su corazón.

“Aquel que cuida de mis derechos está cerca; si alguien desea oponerse a mí, comparezcamos juntos”.

Cuando los demás se oponen a ti y te causan sufrimiento, también están oponiéndose y atacando a Jesús. Lo que te hacen a ti, le hacen a Jesús. Cuando soportas cualquier tipo de traición, Jesús se “aparece” contigo, es decir, se para a tu lado para darte apoyo, sanarte y confortarte. Él sabe lo que se siente estar en tu lugar — ¡lo sabe muy bien!

Ahora medita con el Salmo 69, otra profecía acerca de Jesús:

“Por tu bien soportaré insultos y la vergüenza cubre mi cara”.

Cuando nos traicionan porque elegimos seguir, imitar y obedecer a Jesús, nos unimos a Jesús y compartimos Su sufrimiento redentor.

“El insulto ha roto mi corazón, soy débil, busqué simpatía, pero no había”.

Cuando deseamos y esperamos que los demás nos fortalezcan, animen, simpaticen con nosotros o nos sanen durante nuestras dificultades y dolores, siempre terminamos decepcionados. Aún los amigos más atentos no nos pueden dar todo lo que necesitamos. Pero cuando nos acercamos a Dios con todo esto,  nuestro luto se convierte en baile y alegría. Es por esto que el salmista agrega:

 “Ustedes que buscan a Dios, ¡alégrense sus corazones! Porque el Señor escucha a los pobres y a los suyos no los desprecia”.

Cuando te entregas al plan de Dios de redención y sanación del mundo, volviéndote hacia Él para ser confortado mientras sufres, experimentas la alegría del gran amor del Padre junto a Jesús. Nuestro Padre tiene el MISMO amor por ti que tuvo por Su Amado Hijo cuando Jesús ofreció Su vida como sacrificio.

Ese amor es lo que hace que todo se pueda lograr. Ese amor es el que nos ayuda a soportar cualquier cosa. Ese amor es el que nos sana y nos resucita a una nueva vida gloriosa y victoriosa. Ese amor es lo que convierte nuestro luto en baile y alegría.

Oro para que realmente puedas conocer este amor.

© 2002 por Terry A. Modica

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