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Victory – The purging of sexual misuse

Purificando el abuso sexual

purgatorio por abuso sexualEl momento para la lectura del Evangelio de Junio 14, 2002, fue más que apropiado para el escándalo sexual en la Iglesia y en los esfuerzos de los obispos de EE.UU. para implementar la forma de Cristo de lidiar con ello. Era Mateo 5, 27-32, donde Jesús traza una línea clara contra el pecado del mal uso sexual (cualquier mal uso del don de nuestra sexualidad es abuso y, por lo tanto, pecado.)

Al orar por los obispos y su proceso de discernimiento, planificación y reglamentación, deseamos incluirlos en el cuadro total que Jesús presentó y que nosotros deseamos incorporar a nuestro camino espiritual. En el cuadro total, Jesús está perdonando a los pecadores, diciéndoles que perdonen setenta veces siete, incluso aunque el pecador no se arrepienta. Este cuadro nos muestra a Jesús diciéndonos que arrojemos piedras de condenación sólo si estamos sin pecado y, por supuesto, somos pecadores también. En ese mismo momento, el cuadro nos muestra a Jesús protegiendo al vulnerable y sanando al herido. Y el cuadro muestra a Jesús redimiendo lo que el mal había creado y resucitando un nuevo Cuerpo glorioso.

Nuestra Iglesia está pasando por un proceso purificador — un Purgatorio — de todo tipo de pecados sexuales, desde la pedofilia al adulterio y esto es muy doloroso pero muy, muy bueno y necesario. Todos sufrimos este dolor porque somos Un Cuerpo: somos el cuerpo sufriente de Cristo en la tierra. Y también somos el Cuerpo sanador de Cristo. Somos Sus manos que llegan a ayudar a las víctimas Y que invita a los perpetradores a cambiar. Somos Sus pies que caminan hasta donde están sentados los demás en su dolor para poder darles el amor de Jesús. Somos Su boca que pide perdón por los pecados de otros. Somos Su corazón que late con profunda compasión por ambos, la víctima y el victimario.

Jesús insitío en que nos deshiciéramos que cualquier cosa que nos hiciera pecar. Muchos pedófilos cometen sus crímenes luego de ver, por ejemplo, pornografía. Incluso dentro de la addicción de esta enfermedad, es mejor que le quiten la posibilidad de ver lo que causa el pecado que terminar siendo culpables de causar dolor a las vícitmas y a toda la Iglesia. Pero hay otro nivel de comprensión en este versículo que dice: «Es preferible que pierdas uno de tus miembros que todo tu cuerpo vaya a la Gehena.»

Oramos por la sanación de todas las víctimas, lo cual incluye a los pedófilos porque alguna vez fueron abusados o no serían tan vulnerables a la adicción sexual. Jesús nunca arrojó a nadie fuera de la comunidad debido a sus pecados. En realidad, Él especialmente llegó hasta ellos y cenó con ellos, asistiéndolos y sólo después de ello, los invitó a «ir y no pecar más.» Lo que Jesús sí arrojó fue la renuencia a cambiar — ¡y esto es así para todos nosotros! — porque es infecciosa.

El pecado repetido no sólo daña la relación del pecador con Dios y no sólo daña a las personas más y más, sino que también pone en peligro a toda la comunidad porque el ejemplo del pecado no detenido se torna en excusa para que los demas pequen. Hemos visto esto en la forma en que nuestros hermanos en el Señor se han unido a los medios para golpear a la Iglesia Católica. «Es mejor que pierdas uno de tus miembros de tu sacerdocio, o de tu plantel parroquial o de tu familia, que toda tu comunidad caiga en el infierno del pecado.»

Mientras chasqueamos nuestros dedos a los sacerdotes que rechazaron su llamado de ser los modelos de santidad, debemos también examinarnos a nosotros mismos por los repetidos pecados que están infectando el Cuerpo con un mal ejemplo. Todos estamos llamados a ser imágenes de Cristo; cada vez que fallamos en esto, estamos hiriendo a todos.

Por eso oramos el Salmo 27, 9: «Tu presencia, Oh Señor, busco. No escondas Tu rostro de mí; no rechaces en tu ira a Tu siervo. Tú eres mi auxilio: no me arrojes lejos.» Esta es una oración de arrepentimiento asombrosa, que podríamos utilizar, primero por nosotros mismos y, luego, por los pecadores sexuales en la Iglesia y en nuestras familias y amistades.

Y, mientras soportamos el actual Purgatorio del Cuerpo, oramos los versículos 13-14: «Creo que veré la belleza del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor con coraje; sé fuerte y espera en el Señor» — ¡porque ya llega la salvación!

© 2002 por Terry A. Modica

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