Evitar el agotamiento de sacerdotes en medio de la escasez
[ PalabrasVivas sobre Preguntas Frecuentes ]
En mis viajes para dar misiones parroquiales, me he encontrado cara a cara con las consecuencias de la disminución del número de sacerdotes. No he experimentado esto en Florida, donde vivo, porque nos beneficiamos de la ayuda de sacerdotes jubilados que se mudan a este estado para disfrutar de nuestro hermoso clima.
Una parroquia estaba en una zona rural con pequeñas iglesias no muy próximas entre sí y donde todos los sacerdotes de la diócesis son responsables de múltiples comunidades. Otra parroquia estaba en un suburbio de la ciudad con pequeñas iglesias muy cerca, pero donde todavía hay (escasamente) un sacerdote por parroquia; pronto las parroquias se fusionarán y las instalaciones se cerrarán y venderán
En la diócesis rural, debido a la distancia entre las comunidades, los sacerdotes deben ayudar a fusionarse en una sola comunidad, manteniendo y utilizando cada instalación original y separada. (Esta fue una de las razones por las que se me pidió que fuera a dar mi misión de renovación parroquial, «Convertirse en una parroquia de Pascua».) Muchos sacerdotes, según me informaron, simplemente sobreviven, haciendo poco por evangelizar o por hacer crecer los ministerios o cualquier otra cosa que requiera más que el mínimo esfuerzo y tiempo, para no consumirse. El sacerdote al que había ido a servir mostraba un agotamiento severo, porque se negaba a hacer sólo lo mínimo. A él le importaba.
Me dijo que, cuando con entusiasmo le dijo a otros sacerdotes que estaba ofreciendo a sus parroquias-asociadas una Misión Parroquial de Cuaresma, le preguntaron: “¿Por qué?” Cuando respondió que quería incrementar la participación de los feligreses y el aumento de ministerios, dijeron que estaba loco.
Durante mi semana allí, analicé las causas de su agotamiento y ofrecí algunas soluciones. Lamentablemente, algunas soluciones son imposibles, y algunas requerirán un gran esfuerzo y compromiso personal para seguir adelante.
Mi primera sugerencia fue traer un sacerdote del extranjero como asistente (lo cual se está haciendo en mi propia diócesis y en mi propia parroquia; tenemos un sacerdote del Congo y un sacerdote de la India que ayudan a mi pastor). Me dijeron que el obispo local no lo permitiría, y sus motivos no estaban claros, quizás tenga algo que ver con el temor a los escándalos porque se desconocen sus antecedentes, aunque esta preocupación se supera fácilmente en mi propia diócesis por el proceso de examinación a los sacerdotes extranjeros, a través del canciller de mi diócesis conversando con sus superiores u obispos.
Mi segunda idea fue que cada parroquia creara un diácono dentro de su comunidad: diáconos que serían contratados como administradores parroquiales, pero esa diócesis aún no tiene un programa de capacitación sobre diaconado y el obispo ha sido muy lento para hacer algo al respecto.
Bueno, entonces una persona laica debería ser contratada como gerente de negocios para que el sacerdote pueda enfocarse en el ministerio sacramental. No descubrí por qué esto no se ha hecho. ¿Finanzas? La misma fuente de salario para un segundo sacerdote debe estar disponible para un gerente de negocios. Tal vez esta solución –dejar que una persona laica administre una parroquia– está fuera de contexto con lo que algunos obispos y sacerdotes se sienten cómodos. Mientras tanto, los sacerdotes se están consumiendo o haciendo lo mínimo y, de cualquier manera, la parroquia sufre, el Cuerpo de Cristo en la tierra sufre y aquellos que necesitan ser evangelizados son ignorados. Así, el Reino de Dios sufre.
Una gran razón por la que el sacerdote con el que trabajé se ha consumido, es que no tiene un santuario personal, no hay un oasis de escape para pasar el muy necesario descanso. Su hogar es la rectoría que funciona como la oficina parroquial. O bien esto necesita ser remodelado para que tenga total privacidad, o la oficina necesita ser trasladada fuera de la rectoría y el dinero para pagar las nuevas instalaciones de la oficina debe provenir de una intervención divina. Después del horario comercial, cuando la rectoría no está ocupada con el personal, las reuniones, las citas, los teléfonos que suenan y los timbres que suenan, los teléfonos aún suenan y la gente sigue llamando. Y debido a que este sacerdote se preocupa, él responde cada llamada. Prácticamente no tiene un día libre, nunca.
Él ha sido su peor enemigo al no buscar un lugar donde ir por todo un día libre, una vez por semana, cada semana. Y él, por su propia elección, no ha tomado vacaciones en siete años. Esta es la solución que requerirá un gran esfuerzo y compromiso personal para seguirla, pero no creo que le quede energía para superar las trampas que lo mantienen en el lugar y trabajando todos los días de cada año.
¿Por qué el obispo (o quien está en la diócesis a cargo del personal) no reconoce los peligros y obliga a un tiempo de descanso? Eso también requiere mucho esfuerzo. Es difícil y requiere mucho tiempo reeducar la mentalidad de los sacerdotes que no se cuidan bien, así como es difícil motivar a los sacerdotes a un mayor servicio cuando están previniendo el agotamiento haciendo un mínimo de trabajo. Este es un problema cultural y un problema psicológico pero, si no se trata, la escasez de sacerdotes y todos sus impactos solo empeorarán.
Para cada problema, hay una solución en las manos de Dios. Recemos, no sólo por nuevas vocaciones (como ya lo hemos estado haciendo durante muchos años) sino por una renovación en la Iglesia que supere las viejas mentalidades que nos impiden buscar, encontrar e implementar las soluciones que Dios tiene en mente.
¿Escuché un Amén?
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© 2012 por Terry A. Modica

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