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Suffering and Healing – Where is God When Disaster Hits?

¿Dónde está Dios Cuando Golpea el Desastre?

“Miren, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de este libro.” (Apocalipsis 22, 7)

«Todo el que escuche estas palabras mías y las ponga en práctica, es como un hombre sabio que construyó su casa sobre la roca. Llegó la lluvia y soplaron los vientos golpeando la casa; pero no se cayó porque tenía sus cimientos en la roca.» (Mateo 7, 24-25)

Huracán KatrinaCuando los desastres nos golpean, o cuando vemos cómo la destrucción golpea las vidas de otras personas, es normal preguntarse: “¿Dónde está Dios? ¿Porque no impidió esto?”

Cuando un huracán barre la casa de una persona que activamente vive su vida de pecado y elige no creer en el amor salvador de Jesús, podríamos decir: “Ahh, se debe a que es una mala persona.” Y cuando una casa en la cercanía se salva de ser destruida y tiene una estatua de Jesús en el jardín que no se dañó por los escombros que volaban, decimos: “Si, es un milagro. La gente que vive ahí es buena y Jesús los protege.”

Pero, cuando un cristiano lleno de fe, de oración asidua, sufre la misma destrucción que el pecador, nos confundimos. Dudamos de nuestra comprensión del amor protector de Dios. Y nos deprimimos, nos desesperamos y nos desalentamos. ¿¿¿Dónde está Dios??? ¿Por qué permitió que esto sucediera?

«Dios ha visitado a su pueblo» es el mensaje aprendido cuando Jesús resucitó al joven de la madre viuda (leer Lucas 7, 11-17). El hijo muerto es cualquiera que tú conoces que ha sido herido, abusado o que ha perdido mucho en un desastre como un incendio o un huracán (es decir, algo dentro ha muerto).

«¡Joven, te lo digo, levántate!» es el mensaje que Jesús está dándole al «muerto» que ha experimentado la destrucción y que se ha vuelto a Jesús buscando una nueva vida.

Los moribundos físicamente, que desean abrazar a Jesús cuando llegue por ellos para llevarlos a Casa, van a experimentar una resurrección inmediata. Ellos han pasado por la Cruz para unirse a Cristo en su resurrección; están recibiendo vida eterna, gozo eterno, paz eterna. Aunque necesitan ser purgados de sus pecados que no pudieron superar mientras estaban en la tierra (es decir, un proceso llamado Purgatorio), ellos están experimentando la resurrección plena provista por Jesús.

Los muertos emocionalmente, que sufren de angustia de vivir la destrucción, van a experimentar una restauración en su vida cuando pasen por las cinco etapas de duelo y alcancen la última etapa — aceptación. (Más de esto en un minuto.)

Sólo los muertos espirituales ya no tienen razón para esperar.

La fe se pone a prueba en las crisis. Los que confían en Dios a pesar de toda la evidencia que dice que no deberíamos fortalecernos en las crisis. El crecimiento espiritual no se da normalmente en tiempos fáciles y cómodos. Viene con más fuerza cuando tenemos que obligarnos a elegir confiar en Dios.

La desesperación y la falta de espereanza están basadas en la falta de confianza en Dios. Las dudas acerca de Dios están basadas en lo que vemos con nuestros ojos — como si pudiéramos confiar en que nuestros ojos van a ver la imagen completa. La fe nos dice que hay una imagen más grande que la que podemos conocer y entender. La fe nos dice que Dios ha estado trabajando en un plan — sus propias estrategias — para convertir los desastres y sufrimientos en un bien mayor.

Para restaurar la esperanza, para renovar nuestro entendimiento del amor protector de Dios, para sobreponernos a la depresión, a la desesperanza y al desaliento, debemos transitar por un proceso de duelo. Si nos quedamos atorados en cualquiera de las primeras cuatro etapas, necesitamos pedirle a Dios que nos ayude a comprender por qué nos quedamos atrapados y pedirle que nos acerque a la etapa final.

A menudo, nos mueve hacia delante el tomar acción contra el desastre involucrándonos en el proceso de recuperación en consonancia con la inspiración del Espíritu Santo. Por ejemplo, en el período posterior a un huracán, la depresión se puede convertir en un nuevo entendimiento del amor de Dios, si ayudamos a los otros que fueron afectados por la tormenta, recolectando bienes para aquellos que perdieron todo, aun si nosotros lo perdimos todo en la misma tormenta.

A veces nos movemos hacia delante al buscar ayuda profesional. Los problemas de hoy pueden, de manera inconsciente, conectar nuestras emociones con recuerdos de un pasado distante. Quedar atascados en cualquiera de las primeras cuatro etapas del duelo, puede ser signo de una herida del pasado que está rogando por ser sanada.

Estas son las cinco etapas del duelo y cómo nos afectan de manera espiritual:

  1. Negación: ¿Realmente está sucediendo esto? ¡Seguramente estoy viendo una pelíula!
  2. Negociación: ¡Oh mi Dios, esto es real! Si oro más de lo normal, tal vez podría hacer que las cosas malas se detengan.
  3. Depresión: La negociación no funcionó. Me siento vacío, desesperado, solo, ignorado por Dios y por aquellos en los que podría buscar fortaleza.
  4. Ira: El Señor o la spersonas que causaron este sufrimiento deberían ser castigados. Buscaré la forma de desquitarme, por ejemplo, arremetiendo verbalmente contra ellos.
  5. Aceptación: Sucedió, pero Dios aún es Dios. Aún ama a todos, sigue en control de todo y aún puede sacar algo bueno de esta tragedia. Quiero aprender más de esta experiencia, crecer gracias a ella, fortalecer mi fe y amor, y ayudar a otros usando lo que he aprendido.

Jesús nos asiste de dos formas: a través de los demás y cuando estamos a solas con él, durante nuestro tiempo de oración. El Padre le dio ángeles para que le asistieran cuando cargó con la Cruz. El Padre nos ha dado ángeles y a su Hijo también.

Y Jesús está diciendo: “¡Te digo, levántate!» “Levantarse” podría significar volver a la rutina normal. A veces significa hacer un cambio que diga “no más.” Podría significar que nos alejemos de aquellos que nos hunden y buscar a otros que nos ayuden con el proceso de recuperación. En una resurrección, siempre se gana algo nuevo —  una forma nueva de lidiar con los problemas, un lugar nuevo para vivir o trabajar, unirse a una parroquia nueva o tener el coraje de vivir una vida diferente.

Esto incluye una nueva comprensión del amor protector del Padre, una compasión consoladora que no detiene todo el mal pero nos lleva desde la tragedia hacia el triunfo, del sufrimiento a la recuperación. Jesús dice, “¡Levántate! ¡Amanece un nuevo día!” mientras el Padre nos da una bendición nueva.

Dios es, debido a su infinita bondad, un redentor que supera el mal sacando el bien, a pesar de todos los obstáculos. La esperanza no es pensar en positivo, es estar consciente de la bondad de Dios. Mientras te fortaleces en la esperanza, evangeliza esta esperanza en aquellos a tu alrededor que necesitan oír decir a Jesús “¡Levántate!”

Lee también ¿Son los Desastres Naturales Verdaderos Castigos? ¿Qué enseña la Iglesia?

© 2005 por Terry A. Modica

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